La Iglesia, que debería ser voz de justicia y consuelo para los perseguidos, se muestra indiferente ante quienes han entregado su libertad por defender la democracia. Esa indiferencia se convierte en complicidad con Nicolás Maduro y su régimen, un silencio que hiere la fe de millones de creyentes que esperan de sus obispos valentía y compromiso con la verdad.
Da vergüenza la actitud de la Conferencia Episcopal Venezolana. Como católico, me duele profundamente y me hace sentir traicionado ver cómo algunos de sus representantes parecen abogar por intereses oscuros vinculados al cartel de los soles, mientras ignoran el sufrimiento de los rehenes políticos venezolanos.
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Los venezolanos exigimos la libertad incondicional de todos los Rehenes políticos del narcoterrorista desgobierno de Nicolás Maduro